Se sentó frente a un espejo. Con un cepillo intentó en vano poner algo de orden en la maraña de pelo que le caía sobre los hombros. Le faltaba fuerza.
-Déjame- y le quité el cepillo.
La peiné en silencio, nuestras miradas encontrándose en el espejo. Mientras lo hacía, Marina asió mi mano con fuerza y la apretó contra su mejilla. Sentí sus lágrimas en mi piel y me faltó valor para preguntarle por qué lloraba.

Con ganas de acabar los examenes, para ser libre, hacer el vago (aun más), ver a mi cosilla, y entre muchas más cosas para poder leer más libros de este gran hombre. Simplemente, me encanta su puntito macabro jaja.
Yo me estoy leyendo luces de septiembre... te gustaria ( si aún no te lo has leido ;) )
ResponderEliminarsip, esta entre mis proyectos, a ver si me paso por la biblioteca :)
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