No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros.
Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió. Pasaría una eternidad antes de que comprendiese aquellas palabras.

...

Quiero que me arrastre el viento
Como un trozo de papel
Revolcarme por el cielo
Y no caer

Y no pensar
Tan solo quiero no pensar

Y copiar el movimiento
Irrepetible azul del mar
Arrancarme los recuerdos
No volver a repasar
Adelante, solo quiero no caer

Temiendo meter la pata por enésima vez, me limité a permanecer
sentado en silencio, contemplándola embobado.
—Anda, acércate —dijo ella.
—¿Perdón?
—Acércate sin miedo. No te voy a comer.

Me incorporé de la silla y me aproximé hasta donde Clara estaba sentada. La sobrina del librero alzó la mano derecha, buscándome a tientas. Sin saber bien cómo debía proceder, hice otro tanto y le ofrecí mi mano. La tomó en su mano izquierda, y Clara me ofreció en silencio su derecha. Comprendí instintivamente lo que me pedía, y la guié hasta mi rostro. Su tacto era firme y delicado a un tiempo. Sus dedos me recorrieron las mejillas y los pómulos. Permanecí inmóvil, casi sin atreverme a respirar, mientras Clara leía mis facciones con sus manos. Mientras lo hacía, sonreía para sí y pude advertir que sus labios se entrecerraban, como murmurando en silencio. Sentí el roce de sus manos en la frente, en el pelo y en los párpados. Se detuvo sobre mis labios, dibujándolos en silencio con el índice y el anular. Los dedos le olían a canela. Tragué saliva, notando que el pulso se me lanzaba a la brava y agradeciendo a la divina providencia que no hubiera testigos oculares para presenciar mi sonrojo, que hubiera bastado para prender un habano a un palmo de distancia.

Aquella tarde de brumas y llovizna, Clara Barceló me robó el corazón, la respiración y el sueño.
Digamos , más bien, que he decidido que en la vida es mucho más divertido ser idiotas...

Un poco mas abajo, como un pequeño aguilucho protegido por aquellas rapaces zarpas de mármol, está sentado él. El pelo corto, casi al rape, a ras del peine y alto en el cuello como un marine, una cazadora Levi's oscura. El cuello levantado, un Marlboro en la boca, las Ray-Ban en los ojos. Tiene aire de duro, aunque no lo necesite. Una sonrisa preciosa, a pesar de que no sean muchos los que han tenido la suerte de poder apreciarla.